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Aza 25 2021

China, el gigante con paso firme emprende un nuevo camino

Occidente se ha convertido en una máquina de producir realidades y análisis distorsionados sobre la realidad y la evolución del gigante chino. Desde hace tiempo estamos asistiendo a una constante demonización de China por parte de EEUU y sus aliados occidentales, una estrategia que cuenta además con un amplio eco en los medios de comunicación mayoritarios de esos países. 

Cuando la Covid-19 comenzó a manifestarse en China de manera grave, y antes de su extensión por el resto del mundo, fueron muchas las “informaciones” que anticipaban una especie de “Chernobyl” chino. La posterior gestión de la crisis y sus resultados fueron relegados a un segundo plano, cuando no ocultados de manera manifiesta. Siguiendo la tónica de los últimos tiempos, desde Occidente se sigue primando la difusión de una realidad distorsionada, confundiendo muchas veces los deseos con la realidad. 

Posteriormente, se ha repetido el mismo guion a la hora de analizar la crisis en torno al gigante inmobiliario Evergrande. No pocos medios y políticos quisieron buscar paralelismos con la grave crisis económica y financiera que la década pasada asoló las “poderosas” economías occidentales. En esa línea, esos actores aspiran a que cualquier contratiempo en los mercados chinos se convierta en un declive definitivo de la economía china. 

Pero nuevamente se volvieron a equivocar. El gobierno chino no estaba dispuesto a que la burbuja inmobiliaria china pinchase, por lo que ha estado articulando desde hace tiempo diferentes medidas para desinflar la misma, pero evitando su implosión. Las autoridades chinas han demostrado tener capacidad fiscal y monetaria para amortiguar el impacto de esta crisis. 

El gobierno chino ha desarrollado un endurecimiento normativo de cara a las grandes empresas locales. Bajo las declaraciones del presidente Xi Jimping, “las viviendas son para vivir en ellas, no para especular”, el gran negocio que algunas empresas intentaron aprovechar ha sido frenado, y puesto el sector inmobiliario en la vía de la “prosperidad común”. 

La prosperidad común 

El motor ideológico de China es la suma de varios factores y sustentos ideológicos. El pensamiento confuciano y la trayectoria del marxismo-leninismo han sabido conjugarse en los últimos tiempos en las directrices ideológicas de los dirigentes políticos chinos. A ello hay que añadir la memoria que el pueblo chino guarda de las diferentes intervenciones extranjeras, desde las imperialistas guerras del Opio del siglo XIX, pasando por las pérdidas territoriales de Manchuria o Hong Kong , o el “olvido” de la participación china frente a la alianza fascista de la segunda guerra mundial. Una serie de acontecimientos percibidos como humillaciones por parte de China. 

Y en el centro de todo ese engranaje político, económico y social se encuentra el Partido Comunista de China y su socialismo con características chinas. Son cada vez más los autores que señalan que en estos momentos China se encuentra en una fase de asentamiento, para una vez superada ésta, poder dar el salto a un modelo socialista afianzado. 

Como suele ocurrir cada vez que un nuevo dirigente cobra el mayor protagonismo y responsabilidades en China, el rumbo de China bajo el liderazgo de Xi Jinping priorizará su plan para controlar las riquezas excesivas y repartir de manera más justa la creciente riqueza del país. Buscando, “un desarrollo humano integral y una prosperidad común para todos”. 

En varios artículos publicados hace unas semanas, así como en alguna intervención pública, el propio Xi ha venido desgranando algunas de las claves de esta estrategia. El pasado mes de julio, en un discurso con motivo del centenario del PCCh, señaló que “se haría un progreso hacia el logro de un desarrollo humano integral y una propiedad común para todos…y China defenderá y desarrollará el socialismo con características chinas y promoverá la construcción de una comunidad humana con un futuro compartido”. 

También ha señalado a grandes rasgos los tres grandes retos: educación vivienda y sanidad, que hace más de un año que se han proclamado como el gran objetico para encaminarse hacia la “prosperidad común”, que se espera alcanzar en 2035. 

Xi ha mostrado las diferentes etapas en el camino emprendido. Al final del actual plan quinquenal, se espera que para 2025, la brecha entre ingresos y niveles reales de consumo se vean reducidos gradualmente. Para 2025, el disfrute de los servicios públicos básicos será universal en China; y a mediados de siglo, las brechas serán reducidas de manera más que razonable. 

Esta estrategia de “prosperidad común” se basa en cuatro principios: el fomento del trabajo y la innovación, la defensa de un sistema económico donde la economía de propiedad pública se sitúa en el centro, evitar el asistencialismo, y un enfoque “paso a paso”. 

Xi ha descrito en un artículo las seis áreas de acción concreta que China tomaría en el futuro: “el aumento del apoyo fiscal en las regiones subdesarrolladas de China, la aceleración de las reformas en las industrias monopolizadas y el desarrollo de pequeñas y medianas empresas; el impulso para que las personas de bajos ingresos, incluidos los graduados de la escuela secundaria, los trabajadores de las zonas rurales y el personal fronterizo de las empresas estatales, ingresen al grupo de ingresos medios; mejora de los servicios de educación, salud, ancianos y vivienda; la reforma fiscal, el fomento de las donaciones con fines benéficos, el fortalecimiento de la aplicación de las leyes antimonopolio y la prohibición de los ingresos ilegales generados por el uso de información privilegiada, el fraude y la evasión fiscal; un énfasis de nacionalismo, colectivismo y socialismo en la educación; y el aumento de los ingresos de los agricultores y la mejora del entorno de vida en las zonas rurales”. 

La cuarta revolución industrial 

Hoy en día, cada vez son más los análisis que nos apuntan hacia una nueva revolución, la llamada cuarta revolución industrial. Así como su importancia para el desarrollo de la geopolítica mundial y del nuevo escenario que se diseñe. 

En esa misma línea, todo parece indicar que China tiene las condiciones y las ventajas para liderar esta nueva revolución industrial. En primer lugar, en el nuevo ciclo, la importancia del capital humano (educación y talento innato), tiende a primar la segunda, el talento innato, a la hora de la innovación tecnológica, una de las características de la nueva revolución. Pero como señala un antiguo directivo del Banco Mundial, “la clave del éxito en la innovación no es la proporción de individuos con enorme talento, sino el número absoluto de los mismos…y la reserva de capital humano le da a China una sustancial ventaja sobre cualquier otro país. 

En segundo lugar, la relación del tamaño del mercado interno es clave. A mayor población y mercado, los costes para producir un producto serán más bajos, debido a las economías de escala. Los productos serán más competitivos y condicionarán los mercados internacionales. 

Y por último, a día de hoy, China cuenta con la gama más amplia de industrias, pudiendo producir la gama completa de productos manufacturados. 

Como señalaba el citado ex – directivo del BM, “la cuarta revolución industrial ha comenzado y 2049 marcará una era en la que prevalecerán nuevas industrias…para ese año, China alcanzará el nivel tecnológico de EEUU en sus provincias desarrolladas y logrará un PIB nacional per cápita igual a la mitad del de EEUU”. 

El cambio climático 

Las lentes distorsionadas y manipuladoras han vuelto a surgir estos días a la hora de enfocar la problemática del cambio climático. Desde Occidente, se busca cargar la responsabilidad de la actual degeneración climática sobre las espaldas chinas, para ello no se duda en manipular y ocultar datos que podrían contrastar o refutar esas acusaciones. 

A la hora de abordar un análisis sobre el cambio climático conviene saber que a día de hoy China tiene el mayor programa de adopción de energía renovable del mundo, con más parques solares y eólicos que cualquier otro país. También tiene la mayor flota de vehículos eléctricos; una red ferroviaria que está empezando a dejar obsoletos los viajes en avión; un programa de forestación con captura de carbono más grande del mundo. 

La constitución del propio PCCh recoge la sostenibilidad y el desarrollo ecológico. Trasladándolo además a la implementación de políticas locales y regionales en ese sentido. 

Pulsos y nueva “guerra fría” 

Ante este panorama donde el auge de China y las maniobras desestabilizadoras de EEUU se encuentran, hay varios analistas que apuntan a un nuevo escenario que definen como “unan nueva guerra fría”. 

Desde hace tiempo, EEUU ha intentado centrar su intervencionismo exterior en frenar el desarrollo y protagonismo chino. Buscando a través de alianzas regionales (Japón y Corea del Sur), de nuevos acuerdos (programa AUKUS) y maniobras militares (India o Taiwán) obstaculizar el desarrollo de China, y centrar el teatro de operaciones lo más cerca posible del territorio chino. 

Los dirigentes chinos señalaban hace unas semanas, al hilo de los acontecimientos en Afganistán, que Estados Unidos es una “pícaro estratégico”. Y ese conocimiento de su rival le ayuda a enfrentar los obstáculos y maniobras que se puedan diseñar e impulsar desde Washington. 

Junto al pulso que se lanza desde EEUU, China es consciente también de toda una serie de retos y complejidades que deberá afrontar en ese nuevo escenario geopolítico, tanto a nivel externo (ya señaladas) como a nivel interno. 

Y es que la política doméstica china deberá lidiar con la presión demográfica, el crecimiento sostenido, las protestas de Hong Kong y la tensión en torno al futuro de Taiwán. Sin olvidar tampoco la situación de la minoría uigur o la pugna por las islas del mar del sur de China. 

Hacia un nuevo futuro 

Como señalaban dos reputados analistas, “China tiene un historial de establecer metas ambiciosas y casi imposibles y luego alcanzarlas, a menudo antes de la fecha límite”.  

Y esas metas abarcan el “milagro económico” por el que China ha llegado a convertirse en la mayor economía del mundo, poniendo fin a la pobreza extrema y logrando un desarrollo impensable para muchas personas. 

Más recientemente ha sabido enfrentarse y detener la Covid-19. Aplicando una fórmula mixta basada en la producción masiva de vacunas (con su consiguiente campaña de vacunación de la población, e incluso llegando a distribuir millones de éstas al resto del mundo) y en otras medidas no farmacéuticas. 

China ya es una potencia mundial, algo que pocos esperaban hace algunas décadas. Su éxito y su poder es el resultado de una estrategia que ha sabido compaginar la cooperación con el desarrollo de iniciativas como la “iniciativa de la franja y de la ruta” (Belt and Road Initiative), así como una diplomacia más creativa para frenar o reducir los riesgos de un posible aislamiento geopolítico. 

Durante el XIX Congreso Nacional del PCCh en 2017, se marcaron los “dos objetivos del centenario”. Completar la construcción de una sociedad moderadamente próspera de manera integral en 2021 (centenario del PCCh) y convertir la República Popular China en una potencia socialista moderna en 2049 (centenario de su fundación). El camino está marcado, y China lleva tiempo transitando por él. 

Frente a la mano tendida de China, para buscar soluciones y cooperación, algunos siguen apostando por el enfrentamiento…y mientras tanto buena parte del mundo se sigue jugando su futuro. 

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