Zorrotz

Apuntes personales sobre el relato audiovisual

Hace diez años, ETA anunció que dejaba las armas. Era un 20 de octubre de 2011. Esa tarde, estaba trabajando en la redacción del periódico Berria (en el cual llevo 18 años, más cuatro anteriores en Egunkaria), en Andoain (Gipuzkoa). A varios compañeros nos tocó recoger las reacciones de diferentes personalidades ante la noticia. Fué una tarde de gran trabajo en la redacción, al igual que en las delegaciones del periódico.

Esa tarde comenzó un nuevo ciclo en Euskal Herria. Y a partir de ese momento, en estos diez años, se han estrenado y difundido diversos trabajos audiovisuales. Trabajos de todo tipo, documentales o de ficción, que han tratado el conflicto vasco de forma muy diferente. Trabajos que han tratado la memoria histórica más reciente, y la que llega un poco más atrás, hasta la Guerra del 36. La guerra en la que el fascismo arrasó Gernika, asesinó a miles y miles de personas inocentes. La guerra que trajó a Hego Euskal Herria, los Paises Catalans, Galicia y España 40 años de dictadura. 40 años de dura dictadura franquista y fascista.

En los trabajos audiovisuales estrenados los últimos años, hemos visto como se trata de santo bonachón a Meliton Manzanas (La línea invisible, Movistar Plus, 2020). Hemos visto que cuanto más abertzale es un vasco, más cazurro es (Patria, HBO, 2020). Y hemos visto que el euskera solo sirve para decirle alguna ñoñería a un recién nacido (Maixabel, 2021). Pero también hemos visto otros trabajos dignos, emotivos y elaborados. Zorrotzak ere bai (tal como es este medio en el que me estreno: Zorrotz).

La cuestión es que ciertas producciones audiovisuales, las alabadas por una parte, han tenido grandes presupuestos, grandes ayudas de televisiones, plataformas e instituciones. No es tema baladí. Ya que versiones de la relidad y del conflicto, con presupuesto más pequeños, han tenido más dificultades para su difusión, su promoción y su distribución.

Pongamos, por una parte, el foco en Patria. Libro que regaló Vox a Iñigo Urkullu lehendakari de Alava, Vizcaya y Gipuzcoa. El escritor Iban Zaldua analizó muy acertadamente las deficiencias del libro en 2017. Entre otras cosas decía Zaldua: “Uno de los rasgos que acentúan el desplazamiento temporal en la novela es el de la relativa ausencia de debate ideológico a lo largo de la misma”. Habla de estereotipos también Zaldua. Y ciertamente son unos estereotipos repetidos en una novela deleznable, de muy mala calidad literaria. El guionista y productor donostiarra Aitor Gabilondo podría haber escogido alguna otra novela sobre el conflicto vasco (que hay muchas y algunas mejores que otras). Pero escogío Patria, aprovechando el tirón comercial. El escritor Fernando Aramburu ha hecho mucho dinero, con su objetivo de “vencer éticamente” al mundo abertzale. Y claro, la serie de HBO, tampoco podía ser muy diferente de la novela. A una mujer le matan el marido, y luego va a la carnicería y no le venden carne. Y el único torturado que aparece en la serie de 8 horas es un etarra al que ya se le ha visto matando a varias personas. Es decir, miren que mala la carnicera abertzale. Miren que solo se ha torturado a los que matan en este país. Hay en la serie numerosas falsedades sobre lo vivido en Euskal Herria. Y es ficción, de acuerdo. Pero ficción muy de parte, muy de demonizar a ETA y a la izquierda abertzale. Muy de sacarse de la chistera que un preso de ETA le propina insultos homófobos al hermano homosexual que le va a visitar. A Vox le gusta. A Urkullu, no lo sé todavía.

A la Guardia Civil le gusta, por otra parte, la serie documental de Amazon Prime Video ETA: El Desafío. No podría ser de otra manera, ya que la serie está basada en el libro del guardia civil Manuel Sanchez Corbi Historia de un desafío: cinco decadas de lucha sin cuartel de la Guardia Civil contra ETA. Ese mismo guardia civil es el que marca el relato de la serie en su narración, al que se le atribuye el relato de la verdad. El director editorial de dicha serie es el periodista Jose Antonio Zarzalejos, ex director de El Correo y ABC. No sabemos el porqué, pero no quiso darme una entrevista sobre la serie.

Sí me respondió amablemente a las preguntas que tenía que hacerle el director de la serie La línea invisible Mariano Barroso. Me dijo que intentaron humanizar a todos los personajes (Txabi Etxebarrieta y Meliton Manzanas son los protagonistas) y que la historia puede ser maniquea, pero que las historias, no. Recuerdo, no obstante, que un actor me reconoció que se pintaba muy santo al torturador Meliton Manzanas. La serie era un encargo para Barroso. Se puede aceptar que podría haber sido peor. Pero que se podía haber hecho otro retrato de Manzanas, más cercano a la realidad de sus torturados.

Las últimas semanas está teniendo muy buena acogida la película de Iciar Bollain Maixabel. Cuenta la película cómo 11 años después del asesinato de Juan Maria Jauregi a manos de ETA, la viuda Maixabel Lasa acepta entrevistarse con uno de los miembros de ETA que mató a su marido. Dice Lasa que todo el mundo merece una segunda oportunidad. Es ciertamente la película un intento de puente para la convivencia. Ofrece un relato más cercano a la realidad que el relato podrido de Patria. No obstante, llama la atención que las únicas breves palabras en euskera de toda la película se las dice una madre a su criatura recién nacida. Es una película en castellano, de acuerdo, pero me indignó ver en algún recuento de películas del Donostiako Zinemaldia que en este trabajo se hablaba también en euskera. No es de recibo incluirla dentro de películas en euskera. No! No tiene ningún sentido. Cualquier espectador que ha visto el film lo puede corroborar.

Miradas más interesantes que descubrir

Las producciones mencionadas anteriormente se han hecho con amplios presupuestos, con ayuda de televisiones y plataformas que manejan grandes cantidades de dinero. Hay otras producciones, pequeñas e independientes, que ofrecen otras miradas de lo ocurrido, que cuentan realidades invisibilizadas y que merecen ser recuperadas. El espectador que solo haya visto Patria quedará con una visión muy reducida de lo ocurrido. Por ello, invito al espectador que descubra los títulos que voy a mencionar en las siguientes líneas.

En 2012, cinco cineastas vascos ofrecieron cinco historias relacionadas con los presos en el trabajo Barrura begiratzeko leihoak. Josu Martinez, Eneko Olasagasti, Mireia Gabilondo, Enara Goikoetxea y Txaber Larreategi fueron los cinco cineastas. Sufrió la producción campañas de difamación, intentos de censura y hostigamiento por parte de la derecha española. Incluso cuando se emitió en Euskal Telebista. Son historias para recordar, para ponerlas en un lugar importante dentro de la videoteca del conflicto.

Lugar importante merece también el documental de Aitor y Amaia Merino Asier eta biok. Recibió el premio Irizar en el Donostiako Zinemaldia de 2013. Y se estrenó en cines comerciales en enero de 2014. Es una mirada humana y profunda. Sobre la amistad. Y sobre el conflicto. Aitor Merino también fué hostigado por la derecha y ultraderecha, pero afortunadamente, el actor y director siguió adelante y recibió muy buenas críticas por su trabajo.

Amaia Merino, la hermana de Aitor, es coodirectora en el gran documental Non dago Mikel? (Miguel Angel Llamas es el otro director). Estrenado en el Zinemaldia de 2020, el documental cuenta como el chofer de autobús Mikel Zabalza fué detenido en noviembre de 1985. Las fuerzas de seguridad españolas mataron a Zabalza y vendieron una versión oficial espantosa. El PSOE y el ministro José Barrionuevo fueron complices de aquel asesinato. A día de hoy, no han pedido perdón a la familia.

Ander Iriarte dirigió en 2014 otro documental interesante: De Echevarria a Etxeberria. Pone el foco en su pueblo Oiartzun (Gipuzkoa). Entrevista a gente diferente de la izquierda abertzale y hace un retrato enriquecedor. Ofrece debate y reflexión. El mismo Iriarte está terminando un documental sobre el tema de la tortura. Será uno de los trabajos importantes sobre el relato en el 2022.

El próximo año se estrenará tambien en cines el film documental L’hypothèse démocratique. Es un gran proyecto, dirigido por el cineasta de Occitania Thomas Lacoste. Es un documental serio en el que se han entrevistado numerosas personas relacionadas con el conflicto. Personas de diferente ideología y que ofrecerán un mosaico valioso. El mismo Lacoste ha dirigido el documental para televisión Pays basque et Liberté, el cuál se ha estrenado en France3, en ETB y en Kanaldude. Tiene gran valor la mirada de Lacoste, ya que comienza el relato en la Guerra Civil. Y no cuando ETA comienzá a matar. Hay quien quiere comenzar el relato con un atentado de ETA, que llega cómo un champiñón. Sin dar ningún contexto histórico. Pero afortunadamente, hay miradas como la de Lacoste que ofrecen una memoria histórica más completa.

Para televisión se están haciendo otros trabajos también de memoria histórica. Se han emitido en ETB1 muy buenos reportajes del programa Ur handitan (productora Baleuko). En la serie documental Memoria eraikitzen, por ejemplo, en un capítulo van a hablar de las mujeres fusiladas en la Guerra del 36. Y en TVE hemos podido ver algunos trabajos como el que cuenta la historia de la librería Lagun de Donostia o el que habla sobre la figura de Ernest Lluch. 

También ha habido trabajos de televisión maliciosos, como la mirada de Jon Sistiaga ETA, el final del silencio (Movistar Plus). Sistiaga pontifica más que ofrece en la mayoría de los capítulos Lejos de propuestas más enriquecedoras. Otro documental, del estilo de Sistiaga, es El fin de ETA (Justin Webster, 2017), en el que Alfredo Perez Rubalcaba ex ministro del Interior (fallecido en 2019) lleva la voz cantante editorial.

Cambiando de torna, el cineasta Josu Martinez es uno de los que más propuestas audiovisuales ha ofrecido los últimos años relacionadas con el conflicto y la memoria histórica. Trabajos de gran calidad y humanidad. Suyos son Itsasoaren alaba, Prohibido recordar, Sagarren denbora, Jainkoak ez dit barkatzen, Caminho Longe y Paperezko hegoak. Coordinó el mencionado anteriormente Barrura begiratzeko leihoak. No se puede dejar al lado, por tanto, la filmografía de Martinez a la hora de abordar el tema. 

En ficción, ha habido un poco de todo. Más malo que bueno. Películas mejores y peores: Negociador (Borja Cobeaga, 2014); Lasa eta Zabala (Pablo Malo, 2014); Lejos del mar (Imanol Uribe, 2015); Le Sanctuaire (Olivier Masset-Depasse, 2015); Cuando dejes de quererme (Igor Legarreta, 2018), Soinujolearen semea (Fernando Bernues, 2019)… Ofrece una mirada interesante, por otra parte, el cortometraje Nire eguneroko maitea (Eñaut Castagnet, Ximun Fuchs, Manex Fuchs, 2020). Sin olvidar el corto Heltzear (Mikel Gurrea, 2021)

Hay otros documentales de los últimos años que merecen también ser mencionados. Por ejemplo: Zohardia, sobre Josu Muguruza (Lander Iruin, 2014); Pasaiako badia (Xabier Otamendi, Yuri Agirre y Erik Aznal, 2017); y el recién estrenado Bolante baten historia. Iñaki Alforja e Iban Toledo cuentan en Historia de un volante que a principios de los 80 hicieron desaparecer a José Miguel Etxeberria Álvarez Naparra, miembro de los Comandos Autónomos Anticapitalistas. 40 años después, su hermano Eneko sigue con la busqueda de Naparra. Merece la pena acercarse a esta cruda historia; es muy importante para la sociedad que no quede en el olvido. 

Hay más. Hay trabajos que no se han mencionado en estas líneas. Y hay trabajos recién llegados a las salas de cine. Ahí está, por ejemplo, Apaiz kartzela (firman Ritxi Lizartza, Oier Aranzabal y David Pallarès), en el que se recoge la memoria de los curas antifranquistas: 53 curas fueron encarcelados en la prisión de Zamora entre 1968 y 1976. La productora Maluta Films ha hecho un trabajo de gran interés histórico.

Para el 2022, llegarán el documental sobre la tortura Krask soinua y el mencionado film documental de Thomas Lacoste L’hypothèse démocratique. Y está el documental 918 gau, de la cineasta navarra Arantza Santesteban. 918 gau ha sido premiado en Portugal, en el festival Doclisboa. Probablemente viaje a otros festivales los proximos meses, antes del estreno en los cines comerciales de Euskal Herria.

Hay donde elegir. Hay donde reflexionar o criticar. Es primordial, de todos modos, no quedarse solo con la mirada de Fernando Aramburu. El relato será plural o no será.

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